La publicidad es una auténtica ciencia que consigue hacernos
desear ciertos productos que en otras situaciones no habríamos ni observado.
Mediante impresionantes campañas publicitarias se crean
nuevas necesidades y deseos entre los usuarios. A esto no se le llama engaño,
se le llama persuasión y es una práctica habitual en todos los sectores
publicitarios.
Tras ver un cabello lustroso en un anuncio de champú
deseamos poseerlo para poder lucir el mismo pelo, pero es prácticamente misión
imposible conseguirlo. Una barra de labios queda tan sensual sobre los labios
de la modelo que no tardamos en comprarla para ver que en nuestro rostro el
resultado no es tan milagroso.
Estos son sólo algunos de los millones de ejemplos en los
que la ficción sí supera a la realidad, y un tercer ejemplo muy claro es el
sector alimenticio.
Las cadenas de comida rápida se esmeran en crear anuncios
donde sus productos parecen perfectos y muy apetecibles, pero muchas veces,
cuando acudimos al restaurante el producto real no tiene nada que ver con el
prometido.

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